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Ago
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“Condena”, por Jesús Cuartero

Hace cuatro años y un día, parece más una condena que una fecha para recordar, Sandra me regaló un Ipod naranja de segunda mano con música grabada por su antiguo propietario. Me acababan de echar del trabajo, tenía ocho meses de paro y una pequeña indemnización por despido improcedente. Encendimos el aparato y sonó una canción titulada Ámsterdam . No se me ocurrió otra idea que agradecer su regalo con otro. Saqué un par de billetes baratos de avión y nos fuimos a Ámsterdam a recrear lo que hacían los protagonistas de la canción. Íbamos para unas horas pero nos quedamos año y medio con los souvenirs que habíamos comprado la primera noche tras salir de un coffee-shop.

A mí la ciudad no me gustaba, la que me gustaba era Sandra. Sandra disfrutaba leyendo los nombres de la calles que tenían pocas vocales y paseando por la orilla de los canales con paraguas estrechos en los que apenas cabíamos los dos. Esa querencia por los espacios reducidos nos llevó a alquilar como minúsculo apartamento un antiguo contenedor marítimo, pintado en azul Klein, del barrio de Keetwonen. La relación, como no podía ser de otra forma, se fue enfriando como el clima holandés. Acabé engañando a Sandra con una compañera de trabajo que vivía en la misma calle que nosotros en otro contenedor y no me quedó otro remedio que abandonar nuestra pequeña residencia una tarde en la que el Ajax había perdido 0-4 con el PSV.

Cuatro años y un día después todo eso acabó. Vivo solo en un piso heredado de tres habitaciones más salón y dos baños, pero todavía sigo mirando con nostalgia uno de los zuecos en miniatura que compré en nuestra primera noche en Holanda y que tengo puesto encima de la tele, una de las pocas del edificio que todavía no es de pantalla plana. Me he enterado que han habilitado un contenedor como museo en Remolinos y me veo en la obligación moral de expiar algo que no tengo muy claro lo que es. Pero necesito ir a escuchar mi Ipod entre las paredes metálicas de EnLATAmus, aunque por si acaso he borrado Ámsterdam de Peter, Bjorn & John. Quizá se trate del mismo contenedor en el que viví en Keetwonen, o quizá no. Parece mentira que una vivienda cuya filosofía está basada en la movilidad, itinerancia, y temporalidad en el terreno se haya eternizado en

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1 Response to ““Condena”, por Jesús Cuartero”


  1. 1 Rose
    16 noviembre 2010 en 9:54 pm

    me encanta y me pone triste


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