Archive for the 'Memorias de un museo alrededor del mundo' Category

21
Abr
11

Biografía colectiva de enLATAmus

¡¡¡Biografía colectiva de enLATAmus!!!

Seguimos rastreando los orígenes de enLATAmus desde su nacimiento hasta su llegada a Remolinos. ¿Viste a nuestro MICROMUSEO en uno de tus viajes? ¿Te han hablado de él durante tus vacaciones de Semana Santa? ¿Te has encontrado con alguien de su familia reconvertido en bar, tienda, oficina, casa…? Envíanos una POSTAL y cuéntanos cómo y dónde fue. Estamos construyendo un proyecto colectivo en torno a este tema y nos encantaría contar con vuestra participación.

PD: Fotos de familiares y amigos de enLATAmus (es decir, de esos otros contenedores repartidos por el mundo) son especialmente bien recibidos.

¡¡¡Felices vacaciones!!!

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We keep trying to know more about enLATAmus and his former life as shipping container, before he became a micromuseum of contemporary arts, a micro-arts center and a weird metallic big pink thing in the middle of a square. Did you see him in one of your trips? Did anybody tell you about him in your hometown? Was he around when you were on holiday? Did you see any of his relatives turned into in bars, shops or houses? Let us know!!!! Send us a postcard telling how and where did you know about enLATAmus and you will take part in the amazing collective project that we are working in.

We’re really looking forward to hearing from you!!!

PS: If you have any photographs of enLATAmus relatives, send them us, please, to enlatamus@gmail.com

THANKS AND HAPPY EASTER!!!!

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Dirección / Adress: enLATAmus, c/ del Horno nº 8 CP: 50637 Remolinos (Zaragoza) España

11
Ago
10

“El centinela del arte”, Luis Miguel Ortego

El Ford Thunderbird descendió por la rampa de la cantera levantando una solemne nube de pegajoso polvo veraniego. Se detuvo al final, en un extremo de la ovalada superficie plana que servía de base a aquel inmenso vaso. Allí esperaba un hombre con silueta cansada con escrupuloso pelo negro peinado a raya que vestía un traje gris oscuro un tanto arrugado y polvoriento, pese al cepillo que de vez en cuando sacaba de su cartera para acicalarlo. El comisario Scott bajó del coche con un cigarro recién encendido y colocándose el sombrero después de haberlo sacudido levemente.

  • Buenos días Comisario Scott – saludó el hombre gris. – Espero que haya tenido una fructífera semana en Hartford. ¿Han averiguado algo en el caso del asesinato de la señorita Weathers?
  • Le pillamos, el asesino era un jardinero que trabajaba para la familia de la chica, un ex-banquero europeo que huyó de allí antes de la guerra, un resentido – Scott miró a su alrededor, y después de un largo giro tropezó al fin con la silueta del hombre gris. – Diría que es un gusto verle de nuevo, pero… ¡por todos los santos Chalmers, tiene usted un aspecto horrible! Debería usted dormir más, me marcho solamente una semana y ¿que encuentro a mi vuelta? una sombra de Chalmers. – Comenzaron a caminar. El hombre gris agarraba su cartera con fuerza delante de su pecho, mientras el comisario Scott seguía hablando con tono paternal – ¿Cuanto hace que no coge vacaciones? – Chalmers intentó responder, pero Scott continuó – En cuanto acabemos con este caso quiero que se coja usted unas vacaciones. Su esposa… ¿cómo se llamaba su esposa?
  • Martha – Respondió Chalmers
  • Martha, eso. Martha y usted tenían una casita en el campo en Iowa, ¿no es así, Chalmers?
  • Si señor Scott, así es, tenemos una caseta en Illinois, cerca de los lagos señor – Respondió el hombre gris en tono inseguro
  • Oh, Illinois, claro. Nunca pensé que hubiese nada hermoso en Illinois hasta que conocí a mi primera mujer. – Scott dió una ráfaga de caladas a su cigarro entre frase y frase – Después de conocerla estoy convencido de que si hay algo hermoso en Illinois tiene que ser venenoso. – Miró a Chalmers y se compadeció – No se lo tome a mal Wilbur, coja usted a su esposa, que por lo que recuerdo era muy bonita, váyase a su casa de Illinois y descanse, disfrute de ambas – Buscó una complicidad en Chalmers con una pícara mirada – Ya sabe a lo que me refiero… le vendrá bien a usted.
  • Claro señor, así lo haré – Asintió Wilbur Chalmers sumiso, y se armó de valor para interrumpir a Scott y comenzar a hablar de lo que les había reunido allí– Señor, la excavación ha terminado por ahora, hemos extraído el objeto completamente. – Cruzaron una barrera de Plymouths de la policía federal que custodiaba un área restringida junto a un cordón de hombres armados, y se acercaron hasta un agujero más profundo en el suelo. El comisario Scott se asomó al agujero…
  • ¡Por todos los diablos Chalmers! ¿Que diantres es esto? – Chalmers tragó saliva, y con un hilo de voz respondió
  • Aún no lo sabemos señor.
  • ¿¿¿¡Que no lo saben?!?! – Scott interrumpió alterado – Por el amor de dios Chalmers, han tenido ustedes un enorme dispositivo de seguridad, dos semanas, el mejor equipo de la brigada científica – Miró al agujero de nuevo – El congresista Henstridge me está apretando las tuercas, me llama casi a diario, porque tiene una hija paranóica que lee cosas de marcianos y platillos volantes, y una mujer más paranóica aún que cree que los rusos hacen túneles que cruzan el Atlántico sólo para cambiarle las plantas de sitio. Desde que aquel reportero novato del Daily News publicase esa foto, Henstridge cree que este asunto le perjudicará en las elecciones, y tiene movilizado al alcalde y al sheriff que no hacen más que meter las narices, y yo no sé por cuanto tiempo podré mantenerlos controlados Chalmers, ¿comprende lo que le digo? – Chalmers asintió – Así que por el amor de dios, Wilbur, dígame que han averiguado algo.
  • En realidad señor, sabemos cosas. – Comenzó el hombre gris tratando de entrar en el terreno donde se podía encontrar seguro – Sabemos que el objeto no emite señales de radio, que no tiene actividad eléctrica, y que aparentemente no tiene medios de locomoción autónomos. – Scott escuchaba escéptico. Se retiró el sombrero y se pasó la mano por su cabeza casi pelada – No sabemos cual es el material del que está hecho, aunque sí que parece un metal. En el entorno no han aparecido restos de otros objetos similares.
  • ¿Eso es todo? – Preguntó Scott impaciente. Chalmers dudó un instante y ante la mirada del comisario agachó la cabeza como para coger carrerilla y continuó
  • No señor. Hay algo más – Dijo solemnemente
  • Vamos hijo, dígame lo que han averiguado. – Scott se colocó el sombrero de nuevo con una sola mano y gesto cansado – llevo una semana en Hartford soportando a ese tozudo de McCallum y sus ambiciones, comportándose en el caso de la señorita Weathers como si investigásemos el asesinato del presidente, sólo por quedar bien con el padre de la pobre chica, que va entrar en política. Mi Thunderbird se ha estropeado en el viaje de vuelta, y tuve que pasar una noche en un horrible pueblo mientras el mecánico, que debía de tener cien años, me lo arreglaba. Y por si fuera poco, mi hermana y mi sobrina vienen a visitarme hoy mismo, desde Winnipeg, ¿sabe lo que eso significa, Chalmers?
  • Es un largo viaje señor. Entiendo que querrá descansar para poder recibir a su sobrina como es debido – Dijo Chalmers con un leve brillo en sus ojos al hablar de la sobrina de Scott
  • Así es Chalmers, es un largo viaje. – Scott miró a Chalmers desconcertado por su inflexible lealtad
  • ¿Está usted familiarizado con la expresión “fósil director”, Comisario Scott?
  • Oh por dios Chalmers, ¿a que viene tanto rodeo? claro que lo estoy, no hace falta ser un arqueólogo como usted para eso. Cuando era estudiante también yo estuve en aquellas dichosas acampadas en Colorado picando piedras, claro que sé lo que es un fósil director.
  • De acuerdo señor. En la excavación hemos encontrado algunos fósiles directores que al menos han podido darnos un dato cierto, que es la fecha en la que esta cosa fue enterrada aquí. – Scott miró a Chalmers impaciente
  • ¿Y cuando fue?
  • Hace 8500 años señor.
  • ¿¡Pero que majadería es esa Chalmers!? ¡Realmente necesita usted unas vacaciones! ¿Como es posible que este chisme con forma de caja este enterrado aquí desde antes de.. antes de…? – Scott dudó un instante – ¿antes de la llegada de los españoles?
  • Hemos contrastado la información con todas nuestras delegaciones, y con otros laboratorios del gobierno señor. No hay duda de la datación

Scott miró desconcertado al objeto. Una enorme caja de aspecto metálico. Nada hacía presagiar semejante hallazgo hacía apenas tres semanas. En la cantera extraían minerales con los que fabricar baterías de larga duración para los aviones, que viajaban a los hoteles de la Luna, un negocio próspero que el congresista Henstridge vendía como un logro propio y que daba trabajo a los muchos habitantes venidos desde toda la confederación. Una máquina perforadora había tropezado con un extraño objeto que había destrozado su herramienta taladradora. El conductor de la máquina huyó despavorido al verlo, mencionando una antigua leyenda local. Habían mandado al equipo especial de la brigada científica a descubrir qué era. Ahora estaba ante sus ojos. Su color rosa chillón destacaba poderosamente en el grisáceo paisaje de la cantera. Brillaba bajo el sol. Sus formas se mostraba armónicas. Scott lo admiró durante unos instantes.

  • Señor – Chalmers interrumpió la meditación de Scott – Hay algo más.
  • Vamos Chalmers, dispare
  • Hace dos días… – hizo una pausa – nadie sabe exactamente que pasó. Blacksmith, Exner y Tiggy estaban de guardia. Al parecer, decidieron por su cuenta que había que abrir la caja. Entraron en el objeto… – Chalmers se detuvo, retiro sus gruesas gafas de pasta negra y pasó una mano sobre sus ojos – … y no los hemos vuelto a ver. Los muchachos que estaban en el cordón de seguridad dicen que abandonaron la cantera sonrientes, estaban como trastornados, hablaban de colores, de formas, de líneas, de arte… – Scott escuchaba entre indignado e intrigado
  • ¿Sabemos dónde están?
  • No señor, no lo sabemos, pero dejaron una misteriosa nota – Chalmers abrió su cartera y extrajo una bolsa de plástico que contenía un papel. Se lo acercó a Scott, que lo cogió entre sus manos y lo observó con detenimiento.
  • ¿enLATAmus? ¿Que idioma es este Chalmers?
  • Lo desconocemos señor. – Scott levantó la cabeza hacia el objeto de nuevo. Brillaba. Miró al cielo un instante, y se secó el sudor de la frente con la otra mano. Miró de nuevo a Chalmers.
  • Está bien hijo, puede irse a casa con su esposa. – Scott se volvió hacia su coche – Yo me voy a ir a casa a prepararlo todo antes de que lleguen mi hermana y mi sobrina – Echó una última mirada al objeto – Pero antes creo que me pasaré por el museo. – Chalmers quedó congelado, mirando a Scott caminar hacia el Thunderbird. Volvió la vista hacia el objeto, y musitó – enLATAMus…
11
Ago
10

“Condena”, por Jesús Cuartero

Hace cuatro años y un día, parece más una condena que una fecha para recordar, Sandra me regaló un Ipod naranja de segunda mano con música grabada por su antiguo propietario. Me acababan de echar del trabajo, tenía ocho meses de paro y una pequeña indemnización por despido improcedente. Encendimos el aparato y sonó una canción titulada Ámsterdam . No se me ocurrió otra idea que agradecer su regalo con otro. Saqué un par de billetes baratos de avión y nos fuimos a Ámsterdam a recrear lo que hacían los protagonistas de la canción. Íbamos para unas horas pero nos quedamos año y medio con los souvenirs que habíamos comprado la primera noche tras salir de un coffee-shop.

A mí la ciudad no me gustaba, la que me gustaba era Sandra. Sandra disfrutaba leyendo los nombres de la calles que tenían pocas vocales y paseando por la orilla de los canales con paraguas estrechos en los que apenas cabíamos los dos. Esa querencia por los espacios reducidos nos llevó a alquilar como minúsculo apartamento un antiguo contenedor marítimo, pintado en azul Klein, del barrio de Keetwonen. La relación, como no podía ser de otra forma, se fue enfriando como el clima holandés. Acabé engañando a Sandra con una compañera de trabajo que vivía en la misma calle que nosotros en otro contenedor y no me quedó otro remedio que abandonar nuestra pequeña residencia una tarde en la que el Ajax había perdido 0-4 con el PSV.

Cuatro años y un día después todo eso acabó. Vivo solo en un piso heredado de tres habitaciones más salón y dos baños, pero todavía sigo mirando con nostalgia uno de los zuecos en miniatura que compré en nuestra primera noche en Holanda y que tengo puesto encima de la tele, una de las pocas del edificio que todavía no es de pantalla plana. Me he enterado que han habilitado un contenedor como museo en Remolinos y me veo en la obligación moral de expiar algo que no tengo muy claro lo que es. Pero necesito ir a escuchar mi Ipod entre las paredes metálicas de EnLATAmus, aunque por si acaso he borrado Ámsterdam de Peter, Bjorn & John. Quizá se trate del mismo contenedor en el que viví en Keetwonen, o quizá no. Parece mentira que una vivienda cuya filosofía está basada en la movilidad, itinerancia, y temporalidad en el terreno se haya eternizado en

11
Ago
10

“Génesis”, por Carlos Melgares

Mi padre me dijo que nunca llegaría a nada.

Él, era un bote de tomate antiguo, con solera, que vivía en lo más alto de los estantes del centro comercial, observando omnipresente desde su pedestal. Yo, por el contrario era una latita de atún en aceite, pequeñita ínfima, situada en la balda más cercana al suelo.

Me sentía hacinado, con todos mis hermanos, uniformados y marciales, esperando ansiosos su momento de gloria, el momento en el que eran seleccionados para salir del hogar paterno y pasar a una vida mejor.

Pasaba el tiempo y mis parientes, orgullosos, iban abandonando el nido, a mí, por el contrario, se me acumulaba el polvo bajo los resquicios del abrefácil.

Se me había olvidado contaros algo importante, al nacer sufrí un pequeño accidente, en el momento del etiquetado, la máquina responsable de etiquetarnos se atrancó y mi vestidito salió mal impreso y un poco arrugado. En mi familia esas cosas estaban muy mal vistas, ya que nadie quiere acoger a una lata mal arreglada.

Perdida ya toda esperanza, los vaticinios de mi padre parecían abrumadoramente proféticos; estaba yo distraído, admirando las varices de una señora especialmente gruesa, cuando sentí un estremecimiento, alguien me estaba cogiendo y llevando hacia otro lugar. Inquieto comencé a fantasear sobre mi destino… Lamentablemente el periplo fue excesivamente corto, pues terminé en un depósito de basura, junto a la fruta y el pescado podrido.

Pasaron muchas horas, no sé, incluso días, acostumbrado como estaba a la luminosidad nuclear de mi hogar, en la oscuridad del cubo mi mente era incapaz de medir el tiempo. Pasé mucho tiempo, temiendo por mi vida, me lamenté y auto compadecí de mi vida, estática y estéril.

De repente, un estrépito me sacó de mis funestas cavilaciones. El contenedor volcado yacía a mi lado y unas manos mugrientas me cogieron con extrema delicadeza. Un hombre desaliñado me observaba con atención y después, sacando un pañuelo, me limpió con mesura y me depositó en un bolsillo de su pantalón.

Tras un corto viaje, volví a ver la luz, crepitante y naranja e inmediatamente, sin mediar palabra, el extraño transeúnte, me abrió y devoró mi contenido, no sin antes compartir los rescoldos de mi ser con su acompañante felino.

Todavía recuerdo las cosquillas.

Vacío, pero con la satisfacción de haber cumplido mi objetivo en la vida, entré en un agradable letargo y me dispuse a morir.

Soñé, soñé con grandes máquinas llevándome de un lugar a otro, manos fantasmales transportándome y manipulándome, soñé con el agua y con el fuego, soñé con la purificación y la sublimación del ser.

Soñé tanto que al final me desperté.

Empecé a tomar conciencia de mi mismo, me sentía extraño, diferente, mucho más grande, incluso más que mi padre.

Tarde un poco hasta darme cuenta, ¡era enorme!.

Un gigante metálico, surcando el mar, un contenedor de ilusiones, de sueños bucaneros.

Mil historias os podría contar y mil aventuras os podría relatar.

Ahora estoy en el puerto de Barcelona y tengo todo el mundo frente a mi horizonte.

11
Ago
10

“Oxido de sueños”, por Sergio Muro Sanjosé

Al nacer en los Astilleros de Liverpool ya sabía lo que quería ser, un contenedor de obras de arte. Nací al mismo tiempo que el malogrado y afamado Titanic. Mi música favorita es el tan-tan de los golpes del hierro y acero con martillos, como en la fragua de Vulcano.

Fui coetáneo de las obligadas migraciones de multitud de irlandeses e ingleses por las hambrunas. Pero esa visión de la Estatua de La Libertad al llegar a Nueva York, como si estuviéramos en la película de El Padrino, nos hacía olvidar nuestro fatum. Sólo ver las sonrisas de los niños y la admiración de sus progenitores ante tan colosal y simbólico monumento, me daba unas fuerzas vitales inefables. Fui testigo de la abolición de la esclavitud, que incluso yo que había sido un porteador más, me sentí liberado ante esa injusticia perpetuada durante siglos.

No llegué directamente a convertirme lo que soy ahora. Fue un largo, dilatado y arduo camino, con algún sobresalto, con muchas peripecias y periplos.

Eso sí, he sido un afortunado, ya que he recorrido todo el mundo, teniendo amigos y aventuras en cada puerto, siendo la ruta de la seda era una de mis favoritas, aunque principalmente me movía de Singapur hasta Barcelona.

He transportado todo tipo de mercancías siempre llegando a mi destino. Las salidas y despedidas eran siempre estremecedoras, a la par que esperanzadoras y llenas de inquietudes. Siempre he tenido una gran curiosidad por lo desconocido, esos misterios no me daban miedo, al contrario, la atracción era muy poderosa.

Cuando más disfrutaba era cuando portaba piezas artísticas. Me dejaba rozar por ellas, sentir la pasión que cada artista había plasmado en momentos creativos únicos y lúcidos. Me imaginaba todo el proceso, desde la propia inspiración, su desarrollo hasta verlas expuestas en algún Centro de Arte contemporáneo o en la calle. Quería saber que sentía el autor y, sobre todo, todas esas personas que vislumbraban ese acto onírico hecho volumen. Quería convertirme en esa materia utilizada por manos acostumbradas a la génesis, al nacimiento de nuevas formas.

Yo mismo, siempre me he considerado una obra de arte. La vida es arte, al igual que el arte es vida. Tuve la necesidad intrínseca de expresarme, desde antes de tener conciencia de ello. Dejaba que me hiciesen graffities que decorasen mi piel oxidada por las inclemencias del tiempo y el paso de los años. Firmas, murales, colores, compromiso… eran tatuajes que aunque fuesen efímeros, perduraban en mi por toda la eternidad.

Los marineros me trataban con tal delicadeza y sutileza que satisfacía mi ego artístico.

A veces, ellos mismos traían a mujeres dentro de mí y podía ver como un voyeur la lujuria y lascivia de dos cuerpos enredados en pleno acto sexual. Me gustaba servir de espacio para que el hombre y la mujer se sintiesen un poco más libres y realizados.

Tengo que decir que soy fuerte y robusto, implacable, pero dentro de esa apariencia existe un ser muy sensible.

Me llevaban en volandas con las grúas ubicadas en los puertos. Después, ya encima de los camiones, descubría los paisajes del interior de los países. Bellas laderas verdes repletas de Naturaleza, animales que corrían, revoloteaban, oteaban… todo era arte a mi alrededor, y yo quería que fuese así.

Pero el paroxismo llegó cuando descubrí una localidad cercana a Zaragoza, Remolinos, donde decidí establecerme. Un lugar fuera de las grandes ciudades, pero a la vez no muy lejos de su calor y luz artificial. Un lugar apacible, con personas cercanas y con inquietudes. Un lugar bañado por un río caudaloso que hace a las tierras fértiles ahí por donde pasa.

Quise dedicarme al arte y la cultura, poder exponer y enseñar todo mi bagaje y experiencias a sus habitantes y personas de otros lugares. Generé un proyecto llamado enLATAmus, donde todos y todas somos los partícipes, donde fluye el arte por el aire.

Quiero ser un lugar de encuentro a nuevas ideas, generar proyectos conjuntos con diferentes colectivos y artistas, que enriquezca la mirada de los visitantes, quiero ser un contenedor abierto, como todas esas ciudades que me ha dado una percepción más amplia del significado de la existencia, de la vida, del arte.

Acércate a mí, quiero ser tu hogar, un paraje donde todos los sueños se conviertan en realidad, sobrevolando nuestra imaginación, haciendo ilimitado nuestro pensamiento.

Quiero transportarte a todos los mundos, habidos y por haber, sin movernos de Remolinos.

11
Ago
10

Apuntes para la biografía de un museo – contenedor

Hace algunos meses en enLATAmus os propusimos enviar relatos de ficción en los que, de modo creativo, participaseis en la confección de una biografía inventada para nuestro contenedor en su periplo por el mundo antes de llegar a Remolinos. Ahora, con la vuelta a la actividad de nuestro pequeño “centro de arte contemporáneo”, publicamos los relatos en una nueva categoría de nuestro blog, que llamaremos “Memorias de un Museo alrededor del mundo”: reproducimos por tanto una selección de los relatos que nos han llegado, cada uno en un post diferente para que se puedan enlazar con mayor facilidad.

Por otra parte, y en paralelo, os hemos solicitado que nos enviaseis postales desde diferentes lugares del mundo en los que os hayáis encontrado con algún rastro o historia relacionada con nuestro museo errante. Ahora publicamos un buen número de ellas, en nuestra sección “¡Siga a ese Museo!”

Nuestros proyectos “Memorias de un Museo…” y “¡Siga a ese Museo!” continúan abiertos para que sigáis mandando vuestros relatos, postales o propuestas creativas, que regularmente seguiremos publicando. Hasta entonces, aquí tenéis la primera tanda.




Quiénes somos

Ana Gustrán Loscos
David Giménez Alonso
Carmina Gustrán Loscos
Luis Miguel Ortego Capapé
Marta Lahuerta Orte

CONTACTO:
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